miércoles, 26 de marzo de 2014

El éxtasis de Santa Teresa



Nos encontramos ante una obra escultórica de arte mayor, concretamente El éxtasis de Santa Teresa realizada por Bernini entre 1645 y 1652. Es de estilo barroco y está situada en la capilla Cornaro de la Iglesia de Santa María de la Victoria en Roma.




En realidad, superando lo escultórico, la obra se convierte en una mezcla de arquitectura, escultura, pintura y luz. La capilla, de forma cuadrada, tiene a ambos lados relieves de los miembros de la familia Cornaro situados en palcos teatrales desde donde observan la escena del grupo principal, encerrado en un altar de formas curvilíneas. Sobre éste, se encuentra pintado y con nubes de estuco un rompimiento de gloria en el que se encuentra un gran ventanal que derrama luz cenital sobre la capilla. Así, el espectador entra dentro de la obra, siendo rodeado e incluido en ella. El grupo principal lo componen Santa Teresa, formando una composición en aspa con el ángel, que la mira apuntándola con una flecha.
La técnica utilizada es la talla en mármol con postizos (varas de madera doradas).

La obra representa el éxtasis o transververación de Santa Teresa, basado en sus propios escritos, en los que un ángel se le aparecía en sueños y le atravesaba el pecho con una flecha de amor divino que le provocó dolor y gozo a la vez, y la dejó desfallecida y suspendida en el aire.
Bernini logra transmitir de forma emocional el concepto abstracto del éxtasis para hacerlo entendible por el pueblo. El movimiento del ropaje transmite la agitación del momento, acentuada por la sensación de inestabilidad y el contraste entre la fuerte expresividad de la santa y el ángel, con sus paños de pliegues finos, sus gestos suaves y su mirada, que se dirigen directamente al cuerpo de la santa. El rostro de ésta, con los ojos cerrados, la boca entreabierta y el estado de desmayo que desvela la mano, están inspirados en gestos del amor físico, dotando a la escena de un fuerte erotismo.
La luz incide sobre las superficies creando un gran juego de claro-oscuros; además, Bernini muestra en esta obra, con el mayor o menor pulido de las superficies, un muestrario de texturas.

La función es transmitir al fiel la sensación del éxtasis, introduciéndolo en una ilusión creada por la teatralidad barroca y la luz.

Estas imágenes con valor didáctico estaban al servicio y servían de propaganda de los grandes poderes de la época contrarreformista; en Italia, la Iglesia Católica, triunfante y militante que surgió del concilio de Trento, en el que se buscaba adoctrinar al fiel de forma emocional y haciéndole participar activamente, con la teatralidad de las escenas.

Podemos citar como antecedente la obra protobarroca de Santa Cecilia del autor Stefano Maderno en cuanto a la expresividad de las posturas y los gestos.




Como consecuente, citamos la obra neoclásica de Antonio Canova Las tres Gracias en cuanto al tratamiento de la piel y la teatralidad.



No hay comentarios:

Publicar un comentario